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8/15/2006
Sergio Burstein
Bastaba con verlo sobre el escenario para saber que se trataba de alguien especial. Llevando unos impecables pantalones de cuero, con su guitarra en alto y la voz cristalina de siempre, parecía desvanecer con su simple presencia la memoria del tiempo transcurrido. A pesar de la acumulación de calendarios, Gustavo Cerati lucía en la tarima del Wiltern como el eterno adolescente que hace ya 25 años le diera vida a Soda Stereo, una de las bandas más legendarias del rock latinoamericano.
Claro que el tiempo sí ha dejado huellas en el quehacer artístico del guitarrista y cantante. Tras los primeros años de Soda, muy frescos y livianos, pasó a desarrollar un sentido de la experimentación que dio sus mejores frutos justo cuando el grupo se encontraba en su etapa final. Y la carrera solista de Cerati no fue una simple prolongación de lo hecho anteriormente, porque al músico argentino le dio por explorar entonces una veta mucho más electrónica que se revirtió de algún modo en su penúltimo disco Siempre es hoy (2003) y que, de hecho, ha disminuido aún más en Ahí vamos, su más reciente producción.
Pero si Siempre es hoy mantenía aún el liderazgo de las "maquinitas" (lo que se hizo evidente en una gira de conciertos que se apoyó especialmente en esa clase de recursos), Ahí vamos es definitivamente lo más rockero que Cerati ha hecho en mucho tiempo.
Y por allí va también su show actual en vivo, en el que la guitarra eléctrica recobra el protagonismo que dejó de tener por una larga temporada entre sus manos.
Eso es al menos lo que se vio y escuchó durante la noche del sábado en el local angelino, cuando el músico prescindió de las pantallas y de la parafernalia electrónica de su tour anterior —que lo trajo también a Los Ángeles— para hacer que el único fondo de escenografía fuera el círculo concéntrico de líneas blancas y negras que se encuentran en la portada del disco, y que sirvió para resaltar su presencia y la de sus cuatro músicos, encargados de la segunda guitarra, el bajo, la batería y los teclados.
No es que los samplers desaparecieran del todo, porque eso hubiera significado echar al traste una buena parte de su discografía. Pero lo cierto es que el material de Bocanada (1999) —su disco más electrónico— se vio seriamente reducido en comparación a otras ocasiones, y que hubo incluso una reinterpretación muy "guitarrera" de composiciones más livianas, como fue el caso de Prófugos, el clásico de Soda Stereo, que sonó mucho más poderoso que en su versión original.
Esta circunstancia le permitió al abundante público presente reencontrarse con un Cerati que, en sus mejores momentos, ha sido no sólo capaz de cantar con una entonación aguda pero sumamente agradable —que ha resultado siempre muy suya—, con los falsetes debidamente colocados, sino de tocar a la vez una guitarra que, sin responder exactamente a los parámetros de virtuosismo que se manejan a veces en el rock, se antoja brillante en su eficacia rítmica e inspirada... read the complete story >>>
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